Música

Último bondi a Finisterre

El Cabo de Finisterre es un lugar de Coruña, España  que tiene mucha historia. Es algo así como el lugar donde termina la tierra y muchos peregrinos llegan hasta ahí. De ahí el concepto del final de una época que planteaban Solari y compañía. Llegaba el ocaso de los 90 y el «rock barrial» o «chabón», como se lo llamó en su momento, era un hervidero. El rock británico venía en baja al igual que la música alternativa que llegaba de los Estados Unidos. Mientras tanto había un ruido, el ruido decía que Los Redondos tomaban las máquinas. Esas máquinas eran sonidos envueltos en canciones.

Último Bondi a Finisterre es el octavo disco de la banda marcado por ritmos oscuros, tétricos. “Estás Frito Angelito” y “El árbol del Gran Bonete” marca el momento más denso del  álbum. El medio tiempo acompañado por los riff de Skay Beilinson le dan una textura psicodélica que prevalece en toda la obra. Cuando Los Redondos despiertan ese clima automáticamente se ve el reflejo de su momento dark de los 80 con Oktubre, sin caer en la frase que el pasado fue mejor.

Claro que también se escuchan las máquinas pero nunca sobre la canción. Una mutación constante y progresiva. Dejar el rock and roll a un lado y por momentos destruir la melodía, saturarla  para luego darle vida. “Esto es To To Todo Amigos” es la muestra de cómo una banda de rock se puede transformar en tres minutos en una rave. Lo que también queda a la escucha es que una banda no solamente es oscura por su sonido sino también por sus letras y el clima que se genera al mezclarse. “¿Tiene usted para mi alguna luz en esta noche eterna?”

 

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