Música

¿Quién es Charly García?

Suele decirse que mientras más compleja es una persona, más adjetivos requiere y su descripción necesita infinita cantidad de palabras. En ese segmento para pocos se encuentra Charly García, el prócer del rock argentino que un día como hoy pero hace 65 años nació bajo el nombre de Carlos Alberto García Moreno. Su figura, sigue marcando generaciones y tal vez el arte que expresa en su obra perdure por tiempos inmemorables por su complejidad, popularidad e innovación, tres elementos que rara vez suelen ir de la mano.

Charly fue el mentor de todos sus grupos y , claro está, de su aventura solista. Empezó de muy joven con Sui Generis junto a Nito Mestre en el año 1972. Por esos días el rock argentino se había endurecido en sonido y Charly llegó para plantear canciones de folk. Billy Bond les dio una mano con prestarles el estudio y así pudieron grabar. Con Sui Generis el rock se popularizó y por primera vez los conciertos empezaron a tener la presencia en igual cantidad de mujeres como de hombres, quizá por la identificación de sus letras.  El último disco, «Pequeñas Anécdotas Sobre las Instituciones», ya empezó a mostrar destellos de rock progresivo, cosa que terminó cristalizando en su siguiente grupo: La Máquina de Hacer Pájaros, en los años de plomo de la dictadura. Ahí Charly expresó en su segundo disco, «¿qué se puede hacer salvo ver películas?», con clara connotación a la situación de desolación que se vivía en las calles.  Luego, se volvió a aburrir de la música que estaba haciendo, viajo a Buzios y allí formó Serú Girán, apodados Los Beatles argentinos. Con un dream team en sus filas (Oscar Moro en batería, Pedro Aznar en bajo y David Lebón en guitarras) llevó el rock a otras texturas sonoras con la influencia del rock sinfónico de la época y aportando su cuota de esta porción del mundo.  Con Serú fue la primera vez que un grupo argentino tocó en un lugar tan grande, fue en 1980 en la Sociedad Rural. El grupo se pudo superponer a las críticas de la prensa, que en una primera instancia no lo supieron entender, y a la dictadura más cruel con sutiles metáforas como «Canación de Alicia en el País». Es que en esos años el mero hecho de tener pelo largo y quehaceres artísticos podía ser motivo para terminar preso.

Luego de haber  roto los moldes con Serú, Charly se lanzó como solista a principio de la décadas del 80. Una vez más cambio de estética sonora  revolucionó: pasó de una interminable lista de acordes a las notas simples y modernizó la escena. Viajes a Nueva York y un intenso momento creativo dieron como resultado la santa trilogía: «Yendo de la Cama al Living /Pubis Angelical», «Clics Modernos», y «Piano Bar», tres obras maestras.  Más tarde vinieron encuentros con Pedro Aznar, un fallido disco a dúo con Spinetta, «Parte de la Religión» y se instaló como el máximo ídolo popular del rock argentino. Hasta ese entonces en Argentina no existía el concepto de estrella de rock, es algo que inventó García. Eso trajo aparejado escándalos, participaciones en festivales como los de La Falda, producciones de discos y la famosa bajada de pantalones.  Su trayecto solista fue variando del pop más sutil al rock más crudo y el funk con sonidos latinos.  La década del 80 fue un punto altísimo de Charly como artista.

En los 90 termina esta etapa con un disco conceptual inspirado en España, «La Hija de la Lágrima» (1994). Una rareza absoluta. La por entonces guitarrista, María Gabriela Epumer le sugirió hacer un hit ya que no veía ninguno en el disco, Charly compuso en menos de 10 minutos «Chipi Chipi» y así le dio el gusto. Más tarde llegó la etapa más caótica con «Say No More» que traía consigo el Constant Concept, un estilo artístico que no distinguía la vida real de la vida musical e incluía capas sonoras mezcladas entre analógicas y digitales. Su vida era arte en sí mismo. Con eso vinieron nuevos escándalos, la tirada a la pileta desde el noveno piso, el encuentro con Carlos Saúl Menem en la Residencia de Olivos y muchos hechos que lo hizo ganarse enemigos dentro del ambiente del rock y fuera de él. Se transformó en una incorrección política total.  Tanto que, a veces el público lo abandonaba y tocaba en teatros pequeños, o rompía récords de multitudes, como sucedió en el concierto gratuito de la Costanera con 250 mil personas.  Todo esto finaliza en Kill Gil (2007), un disco profético que Charly parece dedicárselo a sí mismo, como anunciando que tenía que matar al gil que habitaba en él y por enésima vez cambiar. Llegó la internación, la rehabilitación en la casa de Palito Ortega, el alejamiento de los escenarios y la vuelta a los escenarios en el famoso concierto subacuático en la cancha de Vélez que registró un reencuentro con Luis Alberto Spinetta en una versión «Rezo».

Hasta la actualidad   Charly no ha vuelto a grabar, aunque se encuentra en un nuevo proceso compositivo con Fernando Samalea, el Zorro Von Quintiero y otros artistas amigos. Aunque no esté presente en los escenarios, la figura de Charly siempre está flotando en los aires de la música popular argentina. En el mundo quizá sea muy difícil encontrar una figura similar, eso también lo hace único e insoslayable. Hoy, en diferentes puntos del país habrá diferentes homenajes al artista, así que en este día, celebramos los 65 años de Charly García, uno de los músicos que diseñó los arquetipos invisibles de la música que, incluso, trascienden al rock.  Hoy y siempre, ¡felicidad, Charly!

Por Santiago Ramos

 

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