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¿Por qué odiamos las mañanas?

Hay que aceptarlo: es muy difícil que nos convirtamos en mañaneros, simplemente es algo imposible. Quizás podamos culpar a nuestros maratones diarios de Netflix hasta la madrugada, a las largas jornadas de trabajo e incluso a nuestra dieta, pero la realidad es que hay una explicación que va mucho más allá de nuestro control, y esa es la evolución de nuestro ADN.

De acuerdo a un estudio publicado en la revista científica Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, en julio del 2017, la evolución es lo que en realidad determina nuestros patrones de sueño.

En la vida urbana actual todo depende de programas, agendas, tiempos, incluso hasta de preferencias sociales, así que nuestras horas de descanso caen en la situación de la circunstancia.

David Samson, profesor del departamento de Antropología de la Universidad de Toronto y coautor del estudio, asegura que, “los patrones de sueño humanos son flexibles y variables, sin excepción, ya que esto está determinado por el ADN, haciendo que las personas madruguen o que tengan muchos problemas para levantarse temprano, y esto no se puede cambiar”.

La cosa es así de simple:  nacemos con un ritmo cardíaco único, irrepetible y es mejor aprender a vivir con él que estar en su contra, ya que de ser así, no somos productivxs la mayor parte del día (estar fuera de la cama no es sinónimo de que el cerebro esté trabajando al 100%).

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