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Indio en Olavarría, muertos y confusión en un show accidentado

Indio en Olavarría, muertos y confusión en un show accidentado

Jean Michel Jarre en Moscú, Love Parade en Berlín, Rod Stewart y The Rolling Stones en Río de Janeíro, Woodstock, Simon And Garfunkel en el Central Park son algunos de los conciertos multitudinarios que atesora la historia de la humanidad entre sus récords, pero lo del Indio anoche en Olavarría fue otra cosa: 300 mil personas que se movilizaron a una ciudad provincial no turística ni capital del mundo para vivir un ritual único cargado de emotividad, con previa que incluyó un día entero de pogos y cánticos. Aunque la organización no estuvo a la altura del acontecimiento y se provocaron desastres difíciles de controlar y que por estas horas no podemos medir. Lo que sigue son impresiones del show, del ritual que significa ver al Indio. Si más tarde hay confirmación oficial, daremos a conocer el número muertos y heridos. Los cierto es que por el momento podemos afirmar: Indio en Olavarría, muertos y confusión en un show accidentado.

El público es un componente fundamental en este evento, pues llega días antes, evoca cada canción de El Indio o Los Redondos con cuanta persona se le cruce, se funde en un abrazo, salta y canta todo el tiempo. El fenómeno también consiste en extraviarse, en buscar lo más primitivo del ser y, por el lapso que dura el show, dejarse penetrar por cada canción mientras se pierde en la multitud que no sabe hasta donde lo llevará. Quizá comparable a milenarios rituales chamánicos o griegos donde la pulsión le ganaba por goleada al alerta del ser consciente. Acá, por dos horas y media que dura el show, la gente es inconsciente de su propio destino. Es perderse de las rutinas y planes que nos sofocan diariamente para entrar en un estado de éxtasis total.  Todo al servicio del placer. Algo de eso y mucho más es ir a ver al Indio Solari.

También están, claro, quienes van por el evento en sí a hacer turismo y ver de qué se trata el fenómeno. Así, pasaron 20 años ya de aquella prohibición de Los Redondos en la ciudad de Olavarría y su cantante volvió para inscribir una nueva página en la historia del rock. Aunque en algunas ocasiones le resultó complicado y le tuvo que pedir a la gente que se calme un poco por la cantidad de desmayos que se sucedieron en diferentes avalanchas. «Son siete tipos que están rompiendo las pelotas. Alguien tiene que ir a sacar a esos boludos»,  expresó a los 20 minutos de iniciado el show. Más tarde pidió, «prendan las luces por favor» para después rogar por la intervención de Defensa Civil e increpar, «los que están borrachos que se vayan para atrás» e insultar a uno, «¿qué tirás, pelotudo?». Ante semejante clima decidió hacer un parate: «Vamos a hacer una pausa, hay 20 personas que están deteniendo todo». El Hospital Municipal Héctor M. Cura de Olavarría confirmó a los medios dos muertes (en el momento que se está escribiendo esta reseña no hay confirmación oficial sobre la cantidad de muertes).

El comienzo tras la clásica intro llegó con Barbazul vs el Amor Letal para que el aire se funda en un tremendo pogo. Siguió con Porco Rex, Arca Monster,  Chau Mohicano y Ropa Sucia. Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado (Baltasar Comotto y Gaspar Benegas, en guitarras; Marcelo Torres, en bajo; Martín de Pas, en batería; y Pablo Sbaraglia, en teclados) se mostraron sólidos y con varias horas de ensayo fueron el respaldo ideal para que el Indio haga sus diabluras vocales tan características.

El sonido alcanzó para llegar a todo el predio, aunque dependió de la ubicación; en las proximidades a las 4 hileras de parlantes fue claro y preciso; en los márgenes perdió potencia debido al viento que invadió el predio. Siguieron los clásicos ricoteros pero ya la cosa estaba bastante enrarecida. Babas del Diablo, Etiqueta Negra, Nuestro Amo Juega al Esclavo, Esa Estrella Era Mi Lujo, Todo Preso es Político fueron pasando en la lista a la vez que el Indio anunciaba, «ya no tengo más ganas de tocar».  También hizo referencia a su disconformidad con la baja de edad de  imputabilidad.

El cierre llegó con Ji Ji Ji y Mi Perro Dinamita. El público ovacionó y se retiró por una salida que funcionó casi de embudo y donde cundió el pánico generalizado por temor a otra avalancha. Con este sabor agridulce, que todavía no se puede saber en que terminará, el Indio dio, quizá, su último show.

Por Redacción de GAMBA.FM

 

 

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