Música

Fito liberó a la Docta con canciones

Es mayo de 2002 y La Vieja Usina es una caldera. Adentro, la Bersuit se prepara para salir al escenario mientras los fans cantan enfervorecidos contra las fuerzas coercitivas. Afuera, la policía hace cordones para evitar que el público ingrese sin entradas. Muchos logran sortear este obstáculo y se mandan al recital. Algunos, quedan en el camino. Al costado, un grupo de enfermería atiende a los desmayados. Este clima se da a sólo cinco meses del famoso estallido social de diciembre de 2001 y, para muchos, ir a un recital de rock es encontrar sosiego a la pesadilla que se vive, por eso están dispuestos a enfrentarse a la policía contal de ingresar. Ahora, pasaron 16 años de aquel espectáculo y nos encontramos en el mismo lugar bajo el nombre de La Plaza de la Música, sólo que el escenario cambió: en lugar de haber cordones policiales, hay un polo gastronómico; en lugar de colas con gente cantando, hay gente mirando sus celulares; en lugar de gente abarrotada en enfermería, hay puestos para hidratarse; en lugar de haber gente «puerteando», hay gente dando vueltas por este nuevo paseo. El contexto y las formas de consumo cambiaron, pero la  música es la que sigue mandando.

En este marco Fito Páez llegó a la ciudad de Córdoba para presentar La Ciudad Liberada, su reciente disco que, para muchos críticos, es «su mejor disco en 20 años» . Una vez pasadas las 21:30 el rosarino se hizo presente en las tablas para ponerle power al inicio con el riff de Ciudad de Pobres Corazones, al que le pegó el tema que le da título al disco. Lo que siguió fueron más de dos horas de show en el cual metió una decena de temas nuevos – algo que no sucedía desde la presentación de Naturaleza Sangre en el Orfeo (2003)- mechados con grandes clásicos.

La banda sonó sólida y fue permeable para las distintas interpretaciones de todos los Páez que hay dentro del «universo Fito Páez«. A la gente, que estaba dividida en diferentes sectores -butacas en la primera mitad y parados al fondo-, le costó entrar en sintonía con el nuevo repertorio del rosarino. Así, se mantuvo muy tranca hasta que sonaron los acordes de El Amor Después del Amor y ahí sí, se paró y mantuvó esa posición hasta el final del show.

Las pantallas funcionaron como complementos de las canciones y así el impacto fue brutal en Navidad Negra  con imágenes de Alan, el niño sirio muerto en las costas de Turquía por intentar escapar , o las imágenes futuristas de La Mujer Torso y el Hombre de la Cola de Ameba. En otros momentos Páez se enojó por la dispersión del público con su celulares  y el constante desplazamiento hacia la barra en busca de alguna bebida: «Acá es una ceremonia hermosa, a pasear a la plaza, man», batió.

Las Tumbas de la Gloria, 11 y 6, Naturaleza Sangre Circo Beat fueron los momentos más intensos y donde la audiencia se entregó al artista. A estas se sumaron Brillante Sobre el Mic –mencionó que en enero regresará a sus parajes en Córdoba de San Javier y La Cumbre- , A Rodar Mi Vida y Ciudad de Pobres Corazones.  No obstante, las quejas del rosarino siguieron: «A veces pienso que esta época es tan sorda, tenemos a Luis Alberto Spinetta«, tras recomendar que escuchen el Androide y La Pelicana, canción que el Flaco hizo en 1986 y con la cual primereó, por varios años, a los que luego se llamó trip hop de Bristol y se presentó como vanguardia mundial.

Para finalizar llegaron los bises con Dar es Dar, donde pidió a su banda que lo deje solo con el teclado y a la gente que lo acompañé con coros. El punto fuerte de canción de estadio llegó con Mariposas Tecknicolor, continuó con Dale Alegría a Mi Corazón (cantada por todo el público) y terminó con el El Diablo en Tu Corazón en alto pogo. Justo la canción que anticipó la debacle del 2001 y un videoclip censurado por «escenas de violencia». En el mismo se ven dos chicas besarse, como también a dos hombres de avanzada edad, algo que en aquel entonces era mirado como raro y hoy es un derecho adquirido. «Ahora vivís con transexuales, maricones, subnormales y toda clase de freaks nauseabundos  Señora de la cacerola, se le terminó», dice su tema Se Terminó, como una parábola auto-cumplida. Sí, Fito nos liberó nuevamente.

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Por Santiago Ramos para GAMBA.FM

Fotografía: Santiago Miranda para GAMBA.FM

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