Entrevistas

El motor de la Aplanadora

No es un año más para La Aplanadora del Rock porque, desde junio, está celebrando sus 30 años con varios conciertos en distintos puntos del país que tendrá como parada cordobesa a Río Cuarto esta noche a y La Falda el sábado 25, lugar emblemático donde se hizo el histórico festival y la dupla Mollo-Arnedo tocó con Divididos en 1992.  A esta velada particular se le sumará el concierto que darán en el Hipódromo de Palermo en septiembre, que será también el regreso a los lugares de gran envergadura. Además, en este marco de festejos re-grabarán su primer disco 40 Dibujos Ahí en el Piso y, tal vez, toda su obra. Por todos estos motivos charlamos con la cripta impenetrable de la banda, Diego Arnedo.  En esta nota se echan por tierra muchos mitos sobre el grupo y se confirman otros tantos. 30 años de Divididos en estas palabras.

Van a tocar en La Falda, un lugar que tiene mucha historia, ¿cómo preparan este show?

El show está dentro del marco de los 30 años que estamos cumpliendo este año y que va de junio a junio del año que viene. Es como un argumento de celebración y de encuentro con la gente. En este caso, en este lugar. Hemos tocado en otros lugares, pero digamos que lo más conmovedor en este caso es el hecho de los 30 años. Es una celebración especial. No es fácil eso de llegar a 30 años con un grupo, porque aparte de eso hace 40 años que nos conocemos con Ricardo, que fue en el año 78.

Dentro de la mitología popular sobre Divididos, se dice que el primer baterista que tuvieron fue una caja rítmica, ¿esto es verdad? 

Sí, fue una Roland 707 que yo tenía y nos ayudó para tener el golpe rítmico para generar las primeras estructuras de las músicas que fueran a canciones. Después de ahí pasamos al baterista humano que fue Gustavo Collado

Que venía de La Sobrecarga...

Venía de La Sobrecarga, tenía una relación con nosotros, más que nada con Luca en la época de Sumo, y nos pareció correspondiente en ese momento, invitarlo. Yo lo encontré en un bar, andábamos dando vueltas y él reemplazó a la batería electrónica, más que nada para tocar en vivo.

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¿Cómo caracterizarías a Divididos ahora que ya pasaron 30 años? ¿Puede que haya un corte entre el primer disco y el resto de los álbumes? 

Es un poco la idea y después todo está en torno a las realidades del m0mento también, en cuanto a decisiones. Puede ser. Nosotros, con el tiempo, lo bueno que tuvimos fue armarnos nuestro propio taller de trabajo que es nuestro propio estudio para grabarnos. Eso nos permitió tener muchas posibilidades de grabaciones, entonces de ahí salió esta revisión y también Amapola del 66. Entonces, lo que digo es que de esa manera tenemos ciertas posibilidades de grabarnos que vamos a ver cómo continuamos. Puede ser lo que decís, hay una idea de eso, pero por el momento estamos con este primero que es muy fuerte porque es el primero…

Y tiene otro sonido…

Claro. Es un poco la idea para nosotros, en nuestro interior, poder recuperarnos, revivir, retomar las cosas que se hacen en pos de no perder el estímulo primario. También de cómo estamos hoy en relación a lo que hicimos en un principio, son varias cosas. O sea, como retocar el principio de las cosas y remover ahí, y generar eso. Empezar a recuperar un poquito el hijo que se fue, como dice Ricardo.

Después de eso vino un disco bastante disruptivo de ustedes (Acariciando lo Áspero), ¿adquieren la identidad de Divididos a partir del segundo disco? 

No sé en qué momento eso sucede. Las épocas marcan un cambio. Hubo un momento en donde se empezó a ampliar el público, en donde ya teníamos lugares para tocar mucho, siempre lo hicimos. Fue ese segundo disco de esa época nuestra que estaba mejor que un par de años atrás. O sea, íbamos avanzando y posicionándonos en un público más grande y con las actuaciones ya más grandes… yo creo que todas las épocas tuvieron su caudal de generarnos a nosotros otro lugar. Ese disco tuvo como un acercamiento más a nosotros porque en 40 Dibujos Ahí en el Piso estábamos más «sumeados», ¿Se entiende? Estábamos muy cerca de aquello. También tiene que ver con que nosotros hicimos el duelo con ese disco. Es un disco que si lo hubiese cantado Luca, era un disco de Sumo (es como un comentario artístico). En Acariciando lo Áspero fuimos como más nosotros, con Ricardo quiero decir. Generó un poco más esto que vos decís, afirmó un poco más las intenciones, esto que decís de la identidad y que más o menos el grupo se notó más. Nos entendimos mejor, nos salió una musicalidad que estaba más cerca de este proyecto. Ahí empezamos. Creo que vos te referías a esto, ¿no?

Claro, porque son muy pocas las bandas cuyo estilo uno identifica ni bien escucha los primeros acordes y eso, creo yo, le pasó a Divididos a partir de ese disco. 

Eso pasa un poco con todos los grupos, a medida que se va conformando el tiempo de estar, vas conformando tus propias cosas. Yo creo que es un poco así. Más allá de que el primer disco va a ser siempre el primer disco, y es una cosa re loca porque cuando uno arranca, ¿de qué te agarrás? En nuestra historia nos tuvimos que agarrar de ese momento tan complicado que le dio características a ese primer disco. Por eso te digo que hay cosas que construimos que tienen una relación al formato, a las ideas que había dentro de Sumo y con una voz medio lookeada de Ricardo… Está bueno lo que decís, porque en el segundo disco ya nos encontramos nosotros, Ricardo ya empezó a cantar como él  y las músicas ya eran otras cosas; ya había funk rock, ya metimos a otro baterista de otras características y ahí a fuimos más nosotros.

Se hizo normal que en estos tiempos uno vaya a un concierto de rock y vea que los artistas también hacen folklore, pero cuando ustedes empezaron fue diferente. ¿Cómo surgieron esas ideas? ¿Cuánto tuvo que ver tu papá en incluir el folklore en La Era Boludez? 

Más que nada yo crecí escuchando música folklórica. El primer instrumento que toqué fue el bombo legüero enseñado por mi viejo, un poco de rasguear la guitarra, el 6×8 de la chacarera. Eso es una cosa que ya la tenía, pero después cuando llegaron los años 70 con el rock progresivo y todo lo de esa época me voló la cabeza, entonces el rock era todo. Y pienso que pasó el tiempo, entonces el bombito legüero quedó medio adormecido, vinieron los grupos, vinieron los años setentas, el grupo de los hermanos Mollo -MAM cuando yo lo conozco a Ricardo- , después aparece Sumo, y el bombito aparece recién con Divididos. Haciendo Cola Para Nacer es un bombo que Ricardo lo canta, es una baguala. Despierta con este grupo con Ricardo, que es de Pergamino y también tiene una relación con el folklore, pero lo de mi viejo fue fuerte y hay muchas cosas del instrumento del bajo eléctrico que vienen de ahí, después yo me di cuenta.

¡Qué extraño!

Sí, porque el 6×8 se me metió en los brazos del bombo y hay cosas que van al bajo y tienen que ver con eso. Y de ahí en más utilizamos muchas cosas más: utilizamos ritmos, hicimos un folklore a nuestra manera. Por momentos hay unas cancioncitas muy irónicas, picarescas que las teníamos medio en joda y fueron grabadas también, incluídas en los discos. El acercamiento a Yupanqui después, a través de El Arriero, eso fue muy loco porque cuando salió el disco nos paraban en la calle y nos decían, «qué bueno ese tema que hicieron, El Arriero»  y nosotros decíamos, «no, pará. Eso es de un autor argentino como vos que se llama Atahualpa Yupanqui y tenés que buscarlo». Bueno, a un punto de que el mismo folklore, basado en las autoridades del mismo Cosquín Folklore lo reconocen así y a los 100 años de Yupanqui nos invitaron a cerrar una de las lunas de Cosquín. No sé si vos recordás eso, que tuvimos que ir a armar una brigada folklórica más o menos porque le dijimos, «sí, está todo bien, pero nosotros somos un grupo de rock». Y ahí en la Plaza Próspero Molina la gente se sienta y de golpe aparecen los artistas, entonces baila, ¿y qué vas a bailar con El 38? Se va a mezclar el público, va a ser medio quilombo. Bueno, no pudimos negar la invitación. Fuimos invitados justamente por eso, por haberle entregado el autor a mucho público que lo desconocía, con un Arriero que es ritmo de blues, pero es la canción de Yupanqui. Armamos una brigada folklórica con los Carabajal, con Peteco. Pasamos un poco por ahí y después la rockeamos y hubo un encuentro ahí entre el público, pero zafamos.

Entonces el folklore siempre estuvo…

El folklore siempre estuvo.  Después grabar La Flor del Azul . Estamos tocando rock y de pronto tocamos ese tema de mi viejo y a la gente le encanta. Lo mismo que el tema Guanuqueando de Ricardo Vilca, es nuestro Hotel California. Es una canción hermosa que tantas veces hemos tocado e invitamos a los músicos que tocaban con él. ¿Lo habrás visto?  Catriel empezó también a tocar el bombo, enseñado por Juan Saavedra en Santiago del Estero. Me acuerdo que Juan Saavedra le pasó el bombo y Catriel tocaba un poco, pero aprendió a tocar el bombo… lo embrujó.

En este segmento, «desterrando mitos», ¿qué hay de cierto en que vos nunca habías escuchado Joy Division? 

Cierto. Yo escuchaba a Joy Division cuando Luca cocinaba. Yo le decía, «Luca, sacá eso porque nos vamos a matar todos» y él era re fana. Yo lo conocí a Joy Division por un casete que tenía Luca y lo ponía para cocinar en su pieza en el año 81.

Porque uno escucha Estallando Desde el Océano y es mejor que Joy Division, entonces uno se pregunta,  ¿cómo hizo este tipo que no conocía la banda para tocar así?

Puede ser. Las cosas salen no sé por dónde, pero ¿vos lo asociás a eso? Mirá qué loco, no lo había pensado. Sí noto más la base de Virni Lisi, pero a esas bases las hizo Luca, ¿eh? Él las grababa con su bajo Hofner así como tocaba las cuerdas con el pulgar, incluso arriba de las cuerdas de la mano derecha y grababa esas cosas. Después yo tomé de lo que él grabó y lo hice a mi manera, pero son cosas que venían de la mano de él. A esa base la hizo él con una maquinita y cantando arriba con una viola. Son las primeras épocas. Él tenía un portaestudio y grababa cosas y después fueron cosas del repertorio de Sumo en vivo. Sumo tuvo tres formaciones, la primera con Stephanie Nuttal, Alejandro (Sokol), Germán Daffunchio. y Luca, después se va Stephanie y yo toco el bajo y Ale en batería – segunda formación-, y después la formación que todos conocen.

Divididos siempre se quiso alejar de las masas, salvo ese show en Vélez nunca quisieron tocar en en lugares grandes. De hecho cuando vienen a Córdoba tocan en Espacio Quality si es necesario dos o tres veces. 

A ese lugar lo empezamos a elegir por decisión porque empezamos a co-producir, entonces armamos la artística en el tamaño que nos parece que funciona. Entonces dejamos un poco de lado los contratos de los festivales sponsoreados masivos, por eso más que nada. Ese público es otro público.  Hemos pasado por ahí y también lo hemos disfrutado. Pero llegado el momento de decidir hacer las cosas que fue lo que nos permitimos hacer con el tiempo fue pensar más en todo sentido, de los lugares, las producciones, los discos, etc.

Y ahora las decisiones los llevaron a festejar los 30 años en septiembre en el Hipódromo de Palermo, ¿cómo va a ser ese show tan particular? 

Eso es un caso puntual de algo que responde a… «Bueno, cumplimos 30 años, muchachos ¿qué hacemos?» Entonces tomamos una decisión con la productora 300.  Entonces queríamos ubicar el festejo en algún lado y ahí surgió el festejo de los 30 años.  Entonces dijimos hagámoslo con los riesgos que implica también y la situación controlada de producción. Así que nos jugamos y lo vamos haciendo y la convocatoria va bien. Va a ser una festejo, una celebración. Yo lo digo así porque no lo pudo entender de otra manera. Yo tuve presente la fragilidad de lo que es tener un grupo, pasan muchas cosas, muchas adversidades para que eso no dure tanto. Estoy pensando en los shows de Córdoba, pero miro para atrás y digo, «¡guau!» .   Ese recomenzar me ayudó para establecerme como en un eterno «ahora es el momento». Esas consignas quizás vengan de otras épocas porque todo era tan incierto y todo no duraba nada, entonces de esa época me quedó «vamos a hacer lo que viene».

Por Santiago Ramos para GAMBA.FM

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