Música

¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado

Deben de haber sido  noches de calor sofocante, tan sofocante como esa democracia aun joven y enclenque. Eran fines de los años ochenta y se sentía el olor a piel quemada, como vaticinio de los sellos que caerían sobre los lomos estampando realidades neoliberales que seguirían el Consenso de Washington al pie de la letra.

Eran los meses de febrero y marzo de 1989 y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota habitaron por primera vez los estudios Del Cielito para grabar un disco, el cuarto: “Bang! Bang! Estás Liquidado…”

Ya era una banda consolidada y un sonido con elementos identitarios sedimentados, situación que se traduce en los nueve temas que componen este material. Canciones que versan sobre realidades de amor, de no amor, de rock y de impecables versos metafóricos que retratan (de manera explícita, más tarde) a personas y personajes que por alguna razón no pasaron inadvertidos por las miras redondas.

Un disco duro, un disco de rock, que interpela, que se hace cuerpo, y sólo un ejemplo de ello es el riff introductorio, encantador y mágico de “La Parabellum del buen psicópata”, que se clava en el pecho y convierte la piel en un manto de pelos erizados.

Rocambole se encargó, una vez más, del arte de tapa. Esta vez quiso homenajear a Francisco de Goya recreando su obra “Los fusilamientos del 3 de mayo”, reemplazando a quienes disparan por miembros de la Cruz Roja y agregando al propio Goya como ese hombre que observa dichos fusilamientos a través de una ventana.

Bang! Bang! fue presentado en vivo en octubre de ese mismo año y posterior a ello, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota tocaron por primera vez en el Estadio Obras Sanitarias. Un vuelco que (aunque se traduciría en futuros inconvenientes producto de una mayor cantidad de seres en estas misas paganas) ayudó a que un pogo muy muy grande empiece a afianzarse, así como versos que hablan de que “Vivir solo cuesta vida” (Ropa sucia) y que “Violencia es mentir” (Nuestro amo juega al esclavo), para que sean eternizados cual rito por el resto de los tiempos.

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