Entrevistas

“La industria no supo qué hacer conmigo”

El viernes 14 de diciembre será un día festivo porque por primera vez se hará el show Fin de Fiesta fuera de Buenos Aires. Ese día, Kevin Johansen visitará el Quality Estadio de la ciudad de Córdoba para celebrar su trayectoria en un concierto de clásicos, en un reducto sin butacas, donde el público estará predispuesto al baile. Ante esta nueva visita del cantautor nacido en Alaska  lo entrevistamos para conocer cómo será este show en Córdoba y repasar su trayectoria.

Con tu música hiciste resurgir a la música mestiza en nuestro país, ¿qué opinión te merece esta escena que en la actualidad tomó mucha vigencia?  

Creo que la Argentina tiene esa particularidad que, donde vos levantás una piedra, hay un músico argentino. Hay un tesoro increíble ahí. Es bastante paralelo al país, los gobiernos le han dado pa que tenga y no hay con qué darle, sigue siendo un país rico, inexplicablemente. Creo que tiene que ver con nuestra cultura también. La cultura argentina, un poco como decía alguna vez Fito Páez: “Bueno, estamos en el culo del mundo pero podemos escuchar Thelonius Monk y a la vez podemos escuchar Piazzolla“, ahí radica nuestra riqueza. Creo que el argentino medio es curioso y a la vez, con los años, creo que las generaciones más jóvenes están un poco más conscientes de lo que tenemos nosotros: nuestro folklore, nuestro tango, nuestras raíces. Por supuesto que el lenguaje universal del rock ya está instalado la Argentina también, pero sí diría que noto más desprejuicio, menos prejuicio y cabezas más abiertas. Creo que en ese sentido vamos a encontrar en nuestra cultura, la clase media mafalda que sigue existiendo pese a todo, esas familias que no son ricas en bolsillo pero tienen su cultura, y eso al músico le viene muy bien. Soy de una casa de madre soltera, docente y tuve el beneficio de tener una vieja que era muy intelectual, muy melómana, que había música en casa, había arte, había literatura. Eso a mí me dio un entorno que me facilitó meterme en el mundo del arte o de la música.

Vas a tocar en un lugar al aire libre, y hace mucho que no tocás en un sitio así. ¿Qué tiene de particular este show? 

Bueno, es la primera vez que hacemos un Fin de Fiesta fuera de Buenos Aires, una primera prueba, un primer experimento, y Córdoba es uno de nuestros primeros conejillos de Indias. Nos llegan tantas cosas a Instagram o a Twitter, “¿para cuándo Córdoba?”, “¿para cuándo un Fin de Fiesta en México?”, y entonces dijimos: “Bueno, a ver qué onda el Fin de Fiesta federal y fuera de la Argentina”.  Así que empezamos con Córdoba, donde será el primer Fin de Fiesta fuera de Buenos Aires.

¿Hace cuánto que la canción Fin De Fiesta se transformó en un evento de cierre de año? 

Creo que esta es la décima edición y empezó como quien tira una, ¿viste?,”Hagamos Fin de Fiesta siempre que sea fin de año ya que está la canción”.  Empezamos a armar una movida entre la pre-navidad y la post-navidad para ver qué onda porque la gente ya está un poquito más relajada, pensando en otra cosa que no es solamente el laburo, con la mente con ganas de despejarse, y dispuestos a ir a otro lado, viajar aunque sea mentalmente. Yo creo que un recital es una especie de mini vacaciones de los quehaceres de uno por un par de horas. Así que eso, aportar una de las tres patas que yo creo que son tan importantes para un recital o un disco: emocionar, hacer reflexionar en algún momento y mover la patita.

Ya tenés una obra bastante grande, ¿cómo armás un show de estas características? 

Los ensayos son divertidos porque siempre tenemos el bendito mismo problema, tengo ganas de cambiar cinco o seis temas, hacer algunos que no solemos hacer y después está el lindo problema de ver cuál sacamos para que no dure tres horas y media o cuatro el recital, como un recital de Bruce Springsteen. A eso ya lo prendí porque antes, cuando arrancaba con discos como Sur o No Sur o City Zen, que eran discos largos, inclusive Logo, tenía mucha necesidad de mostrar, supongo que producto de la acumulación. A mí me llegó un poco tarde la atención, entonces creo que tenía unas ganas acumuladas por compartir y después decía, “¿cómo pude tocar 3 horas 45?”,  y era eso, era esa leche acumulada de ganas de mostrar todo el abanico degenerado de lo que hago y, de a poco, después fuí corrigiendo de amigos que me decían: “Che, qué aguante tenés, pero es un poco largo. Podés acortarlo un poco y va a estar todo bien” y uno se empieza a hacer amigo de la síntesis.

Recién me comentabas que fuiste reconocido después de los 30 años y, teniendo en cuenta que fuiste un moderno en los 80 con la muchachada de Instrucción Cívica y luego volviste en los 2000 con el rollo del mestizaje,  ¿cómo lograste tu identidad artística? 

Supongo que por la historia de nacer en Alaska, mi vida es una peli. La infancia entre California y Colorado, Arizona… irme de San Francisco a Buenos Aires fue un choque cultural -más allá de que yo tuviera una madre argentinísima, mis abuelos y mis familiares- , irte de San Francisco, California a los 11 años y llegar a las Argentina de la dictadura fue fuerte. Soy un agradecido, a mí me gusta decir, “soy de aquí y soy de allá”, al revés del maestro Facundo Cabral, a mí me gusta positivisarlo. Por supuesto que eso te marca  y supongo que por eso fui un poco tímido y, al arranque – a mis 20-, escuchar una banda como Sumo, que eran súper seguros y relajados con mezclar los idiomas fue como un despertar. Me fui animando a mostrar mis cosas en inglés cuando estaba acá; después cuando me mudé a Nueva York a los 26 años, también me daba un poco de cosa mostrar mis temas en castellano, hasta que tuve la suerte de tener un mentor, como el dueño de CBGB que me dijo, “relajate, no seas boludo. Tenés eso, lo mejor de dos mundos, culturalmente. Hacé temas en los dos idiomas”,  y ahí salieron temas como Guacamole, cosas más sinsentido o más inconscientes y, de a poco, uno va encontrando su estilo, su esencia. “Bueno, soy esto. Tengo este nombre gringo” . Siempre me preguntaban en qué batea me metían, la industria nunca supo qué hacer conmigo. Yo siempre les digo a los sellos en los que estuve: “No se preocupen, yo tampoco sé qué hacer conmigo”. Después, lo milagroso es encontrar a un público que te interprete y se dé cuenta de qué va.  Lo importante son las canciones, más allá de las coyunturas, seguir remándola para conectar con la gente.

Además la música va ganando terreno. Ayer se dio a conocer la grilla de Lollapalooza que tiene a la Mona Jiménez, el año pasado estuvo Damas Gratis. Ahora los chicos tienen muchos menos prejuicios que las generaciones anteriores… 

¡Totalmente! Hay que celebrar esas cosas porque hay que celebrar la mezcla, las diferencias, ¿no? El mundo está muy polarizado y hay como un 50 % de todos los países que no quiere evolucionar y hay otro  50% que sí, que quiere intentar mejorar eso y se nota. La música es justamente empatía, tiene que ser un reflejo de intentar lo mejor, de humanizar y celebrar la diversidad.

 

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Por Santiago Ramos para GAMBA.FM

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